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Hilos

Hilos, pienso mucho en ellos, en su importancia, en cómo nos agarran y nos sujetan, en cómo nos conectan, en la fuerza que tienen. Ha sido Oriente, quien les ha hecho un hueco en las explicaciones necesarias para comprender los sentimientos. En Asia Oriental se asegura que existe el hilo rojo del destino , que nos ata a otras personas, y que no se rompe, ni siquiera tras la muerte. En la India, en señal de amor y protección lo varones atan hilos decorados, que llaman rakhi, en las muñecas de sus hermanas para materializar el vínculo espiritual que les une.  Una pulsera, un hilo. Y uno atiende a dónde se coloca esa pulsera, precisamente en la muñeca, donde el pulso de la sangre se puede palpar. Bombeando un mensaje desde tu mano, hasta tu corazón. Y yo me doy cuenta, de que para explicar algunos de mis sentimientos, mas que un hilo, he de tener una maraña. En la infancia está enredada, y uno no sabe seguir los hilos y a donde le llevan pero, con la edad, empiezas a desmadejar, ...

Acantilado

El mundo tiene muchos rincones especiales. Está lleno de belleza, escondida aquí y aquí o, rebosante de ella en un espacio concreto. Una belleza más modesta o más exuberante, más reposada o quizá en movimiento. Lo que cada uno entienda por belleza, que es lo que hace dar a cada alma un pequeño salto en el pecho o causarle un profundo e inesperado estupor; cuando los ojos miran y el alma se queda en éxtasis, casi sin respirar, quieta, observando y, tratando de guardar dentro toda esa belleza que ahora ve, y luego, no tendrá delante.  Uno, al contemplar la belleza de un paisaje, quiere conjurar la memoria y retenerlo en su retina tan vivo como en aquel momento, para no despedirse jamás. Es curioso que, con las personas puede ocurrir lo contrario, quizá uno quiere a menudo que la memoria borre el rastro de una belleza que ya no está a su alcance, cuanto antes. Y en ese caso, ay, el conjuro suele salir siempre al revés. No hay memoria más resistente que la que uno quiere olvidar. Sin...

La abuela Pilar

La abuela se marchó tan despacito, que todos tuvimos un momento, o muchos, para despedirnos de ella.  Sin embargo, el día que nos dejó, en el responso, todos nos quedamos mudos; cuando el sacerdote nos preguntó si alguien quería añadir unas palabras, ninguna resonó en alto. Aquella noche, mi hijo me recordó que era el Día de Acción de Gracias y me preguntaba porqué no lo habíamos celebrado. Y entonces, yo pensé que hubiera sido lo mas natural, y lo mas justo, haberme levantado durante aquel responso del mismo día de Acción de Gracias, para precisamente eso, sencillamente eso... Aquellas últimas mañanas en el hospital, procuré contarle todo lo que significaba para mí. Era un soliloquio en que yo le hablaba, suave y tranquila, y ella, qué remedio, no podía interrumpirme, y decirme que era una exagerada, que no había ahí para tanto...  A cambio, dormitaba tranquila, y me dejaba acariciar la suave piel de su mano. Esa mano tan querida y tan inquieta, que no había parado de hace...

Asphalt, bricks and yellow fields.

Somehow, I always had the same feeling, I was born in the wrong place. It suits me better a home by the sea, a town in Tuscany, a village in Dorset… Or keeping it in our national borders, one of those magnificent cities, full of art and beauty that, since I am a child, made my heart jump in my chest and my lungs expand and deep breath. Cities with ancient universities, cities that for centuries where holding, between its narrow alleys and walls, students thirsty of knowledge, looking forward to expand their horizons. Of course, I mean my favourite three places down here, at the bottom of Europe: Santiago, Salamanca and Granada. As a child, I did not know. I was raised in a neighbourhood north town, attended an average school, with average teachers, and not so many friends. For the weekends, I used to go to the mountains, at my grandparent’s house, where my big family met.   My four grandparents came from the north of our country. Three of them surrounded by the deepest and brig...

Un segundo de enero

Ni sé por dónde empezar. Tanto tiempo con el ordenador cerrado. He escrito palabras en trozos de papel, he formado versos en mi cabeza, he tomado mi cuaderno. Abrir el ordenador siempre me da vértigo. Pero el día es hoy. Un segundo de enero, que uno no puede comenzar ya saltándose los nuevos propósitos.  Tengo una primera parte de una novela, y dos cuentos. Los leo, y pienso “muy bonito, pero eso es sólo un borrador de lo que quiero contar”. Lo que quiero contar está mejor escrito, lo que quiero contar desarrolla mejor aquí y allá, lo que quiero contar muchas veces se parece a lo que he escrito, pero se queda ahogado en algún lugar entre mi cabeza y mis dedos. Y sin embargo, me siento inspirada, me rodea la bondad, la generosidad, y el apremio de quién quiere verme aquí. Los que quieren leerme, los que no me quieren ver descansar, los que tienen claro que yo, lo que soy es escritora, y los que saben que, si persisto, voy. Yo voy cogiendo bocanadas de aire aquí y allá. Porque ...

Grand Dad R

The oldest, the most handsome, the smart one and the first that left us. He was my father’s dad. He had many, many grandchildren and, I was just one of them. The one born after four, five or six -who would be still counting. And another girl. Probably, if I would have been a boy, he would have given me some more attention.  My older brother was the only male in that batch of kids- being 11 months my older. My cousin Peter, was the second, being 13 months my younger. This left me stuck in the middle of a litter of kids, not been quite remarkable to his eyes. But, there is always a but, genetics worked on my side, and out of all those children, the one that actually resembled more to him -and his wife- was me. From his side, I got the eyes shape and beautifully, carefully shaped eyebrows. His expression too, specially, when we show a fierce gaze. From his wife, I got the little nose, the big mouth, and a wide generous smile, showing fantastic teeth. I was almost identical to my d...

El baño, el espejo, la cana, el diente.

Algunas noches me cuelo en su baño, y nos lavamos los dientes juntos. A la vez, frotando y puliendo esmalte dental. Unos mejor. Otros peor. Otros rematadamente mal. Ayer nos quedamos las chicas en el baño. Ella se enredaba en la boca, una boca que perdía dientes a gran velocidad, para reemplazarlos por premolares y caninos tamaño adulto. En su cuerpo de mujer miniatura, los dientes van despidiendo su infancia y dando la bienvenida a su madurez, anticipándose a todo lo demás, como esos adolescentes estúpidos que juegan a ser mayores demasiado pronto. Yo usaba la luz “de interrogatorio” de su cuarto de baño para explorar mi cabello. Todo empezó con una cana. Impertinente. Retorcida. Presentando distintos planos y requiebros para brillar más fuerte. No sé si era fea. Igual tengo que reevaluar mi diccionario personal de belleza, pero era escandalosamente brillante. No era blanca. Era platino. Metálica. Parece que he tardado 43 años en aprender a hacer pelos de dos colores, unos negros ...