Un segundo de enero
Ni sé por dónde empezar. Tanto tiempo con el ordenador cerrado. He escrito palabras en trozos de papel, he formado versos en mi cabeza, he tomado mi cuaderno. Abrir el ordenador siempre me da vértigo.
Pero el día es hoy. Un segundo de enero, que uno no puede comenzar ya saltándose los nuevos propósitos.
Tengo una primera parte de una novela, y dos cuentos. Los leo, y pienso “muy
bonito, pero eso es sólo un borrador de lo que quiero contar”. Lo que quiero
contar está mejor escrito, lo que quiero contar desarrolla mejor aquí y allá,
lo que quiero contar muchas veces se parece a lo que he escrito, pero se queda
ahogado en algún lugar entre mi cabeza y mis dedos.
Y sin embargo, me
siento inspirada, me rodea la bondad, la generosidad, y el apremio de quién
quiere verme aquí. Los que quieren leerme, los que no me quieren ver descansar,
los que tienen claro que yo, lo que soy es escritora, y los que saben que, si
persisto, voy.
Yo voy cogiendo
bocanadas de aire aquí y allá. Porque no sé otros, pero esta escritora, a veces
tampoco se lo cree mucho, se llena de dudas, filosóficas y prácticas.
Lo que más me
desconcierta, es que mi creatividad se desata al hilo de las cuatro de la mañana.
Si fuera una hora más tarde, no dudaría en levantarme, pero en mitad de la
noche… Come on! Discutimos muchísimo mi creatividad y yo.
-Levántate!
-No!
-Ya has descansado, la casa está en silencio, todos dormirán aún varias horas.
-Son las cuatro de la mañana. Vas a arruinarme mis hábitos de sueño.
Pero mis hábitos de sueño ya están arruinados. Sólo quedan mis sueños…y esos me despiertan constantemente cada noche, sin faltar a su cita, a las cuatro de la mañana.
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