Un violín abandonado.
Angustia en el agujero del estómago que intentas amortiguar tirando comida dentro. Para aplacar ese vacío caen tostadas, yogures, sándwiches, o cualquier cosa que tengas al alcance de tu mano y, se cuelan en el estómago como si de un agujero negro se tratara. Nada calma la sensación de desasosiego. Podrías tirarte por el cuello el mundo entero, gigante engullidor de lo que haga falta, nada va a saciarte, porque no es comida lo que buscas.
A veces es distracción, otras es amor, ¿o no es lo mismo? ¿No es el amor la mejor distracción que jamás se haya creado? Parando el tiempo, jugando con él a su antojo, porque lo mide bajo su propio baremo, lo dilata en la espera, y lo desintegra en compañía de tu ser favorito.
Y el desamor, ¿no es un aburrimiento, tedio mortal, que te asalta y te envuelve en una existencia gris, sin vaivenes, sin sorpresas, sin ilusión? Una vida anodina que, ya te puede rodear la magia del mundo, tú solo verás el color de tus adentros: plano, sin brillo y con un tono tan apagado que, si tiene nombre, no lo merece.
No me queda claro si uno se acostumbra a ese color. O si en cuanto puede se busca otro, o si no lo busca, se lo encuentra, o aún peor, le encuentran a uno. Y sentimientos que creíste olvidados, empiezan a arrancarse de un alma perezosa como un violín abandonado. Suenan las primeras notas desacompasadas, ligeramente desafinadas. Es posible que termine sonando una bella canción y que la canción, en algún momento se acabe.
De nuevo el violín descansará en el rincón hasta que, en un arrebato de nostalgia y pena, notas tristes, melancólicas o un ritmo dramáticamente desesperado, rasgue de nuevo sus cuerdas. Otro tipo de pasión hará vibrar ese instrumento. El músico en un arrebato de furia podría arrancar notas con tal intensidad que algunas crines salten, dejando malparada la parte delicada del arco.
Hasta el día o la noche en que el músico se decida a arreglarlo, a cambiar esas crines rotas por unas nuevas, y dejar en perfecto estado ese violín, dispuesto y a punto. Quién sabe cuando volverá a necesitarlo.
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