Tengo un crush.


Tengo un crush.

Atemporal. Despegado de cualquier noción lógica de tiempo o espacio. Como son todos mis crushes, como decía Proust, y no puedo estar más de acuerdo, “C`est notre imagination qui est responsable de l`amour, pas l`autre personne.”

Conversamos, a través de los siglos, a través de páginas que dejó escritas, y en las que yo me encuentro como si de un espejo se tratara. Las escribió pensando en comunicarse de esta manera, buscando una conversación suspendida en el tiempo, al alcance que quien pudiera necesitarla.

La atrapé yo. Adoro sus novelas. Me conmueven, encienden estancias oscuras de mi alma, abandonadas, prácticamente en desuso. Pero son sus ensayos lo que me enamora, porque ahí D. Miguel, me acompaña. Me acompaña en una soledad complicada e inevitable. Compartimos soledad, que para mi viene a ser lo mismo que decir que compartimos esas inquietudes tan peculiares, que es difícil que a alguien más le interesen. Y voilà. Mira tú por donde, de vez en cuando hay gente a la que le seducen las mismas cosas. Compartimos peculiaridades. Y la verdad que compartir peculiaridades con Unamuno, me hace sentir cierta seguridad.  Quizá orgullo también. En realidad es un consuelo, o un alivio. (Deben ser rarezas razonables.)

Compartir inquietudes es compañía. Lo demás es, rodearse de gente.

Yo, y creo que todos, disfruto más de las cosas que me gustan si las puedo compartir. Las disfruto exactamente el doble, porque las disfruto para mí, y para dar gusto a la otra persona, sorprendiendo con algo que sé que ambos apreciamos. O sea, que las disfruto de verdad, si no las disfruto a medias. 

Me ocurre con todo, pero hay que diferenciar. Compartir el gusto por un dulce es fácil. Compartir la obsesión por una puesta de sol, ya menos, y compartir la veneración por la palabra, su evolución, su significado y su impacto, ya es un poco más atípico.

Y me da cierta rabia nuestra desincronización, porque si yo hubiera nacido 100 años antes, quizá hubiéramos compartido una charla, un café, que no pido yo otra cosa a mis crushes, un poco de luz, un poco de intentar comprendernos entre los dos un poco mejor a nosotros mismos. Sé que hubiera sido posible, que hubiera podido citarme con él, quizá en Salamanca, quizá durante su exilio en el País Vasco Francés (ya sólo esos dos lugares me entusiasman, sin necesitar a nadie mas).

Éramos casi familia, me imagino a mi abuela llamando a su prima, y diciéndole: Oye, prima, mira te tengo que pedir un favor, ¿le puedes decir a tu suegro que mi nieta desea conocerle?

Pero aquí ya no están ni mi abuela, ni su prima, ni el suegro de aquella. Solo queda Salamanca, el País Vasco francés y lo que él dejó por escrito. Que no es poco.

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