Hilos

Hilos, pienso mucho en ellos, en su importancia, en cómo nos agarran y nos sujetan, en cómo nos conectan, en la fuerza que tienen.

Ha sido Oriente, quien les ha hecho un hueco en las explicaciones necesarias para comprender los sentimientos. En Asia Oriental se asegura que existe el hilo rojo del destino, que nos ata a otras personas, y que no se rompe, ni siquiera tras la muerte. En la India, en señal de amor y protección lo varones atan hilos decorados, que llaman rakhi, en las muñecas de sus hermanas para materializar el vínculo espiritual que les une. Una pulsera, un hilo. Y uno atiende a dónde se coloca esa pulsera, precisamente en la muñeca, donde el pulso de la sangre se puede palpar. Bombeando un mensaje desde tu mano, hasta tu corazón.

Y yo me doy cuenta, de que para explicar algunos de mis sentimientos, mas que un hilo, he de tener una maraña. En la infancia está enredada, y uno no sabe seguir los hilos y a donde le llevan pero, con la edad, empiezas a desmadejar, y descubres hilos que te unen a desconocidos, muy conocidos. Tan conocidos, como tú te conoces a ti mismo, porque tienen un latido que bate al mismo ritmo que el tuyo. Y esa madeja va acercando personas a tu vida que la enriquecen, porque te ayudan a comprenderla, y hacen que no te sientas tan sola.

Pero esos hilos no sólo te atan a personas, te atan a lugares, y tiran fuerte de tí hacia ellos. Y tu alma no reposa hasta que no descansa allí. Son lugares que quizá también compartan latido contigo, que quizá también hacen que no te sientas tan sola, porque allí, no necesitas de nadie.

Para mí eso explica el amor, esos hilos que te atan y te dejan anclado a personas que ya no están, que se fueron pero que siguen contigo, viviendo la vida a tu lado. Y el amor que sientes no tiene que ver ni con el tiempo, ni con el espacio, como ese hilo infinito que os tiene separados, pero juntos.

También explican el desasosiego de tu alma cundo un hilo tira, y tu no lo puedes atender, o cuando esta tan tenso, que parece romperse. Toda esa tensión repercute muy dentro, donde guardas tu tranquilidad, tu alegría y tu calma.

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